…y yo me he quitado ido de enmedio por unos días y me he ido a un pueblecito de la serranía de Ronda, y hay gente que se cree que una casa “rural” es una casa vieja.
Pero como tenía que despedir el año con vosotros, he decidido que lo mejor es mandaros la típica foto del típico pueblo rondeño, para alegría de pocos y envidia (espero) de muchos.
Las fiestas han comenzado, aun no es Nochebuena pero algunos ya estamos hasta arriba de celebraciones. Dejando a un lado el hecho de que las grandes superficies lleven un mes de Navidad, las empresas, asociaciones y demás preparan para estas fiestas diferentes eventos con el fin de reunirse y pasar un buen rato alejados del ambiente laboral (en caso de trabajo). Ese fue mi plan para el pasado sábado, y el resultado ha sido una ronquera total, es decir, a dos días del magno evento, sigo sin poder articular palabra alguna.
Otra de las secuelas es que, y reitero que aun no es nochebuena, me siento ya harto de comer y beber, como si ya hubiera acabado la pascua y estuviera inflado a base de turrón y mazapán (cosa que no he hecho, lo juro).
En una sociedad en la que poseemos todo lo necesario (y más) y carecemos de sentido común (también cada vez más), todavía no hemos modificado las costumbres de antaño, cuando se comía lo justito y se aprovechaban estas fiestas para coger reservas que luego harían falta a lo largo del año. No existía el colesterol, ni el omega3, ni los triglicéridos, ni las clínicas de adelgazamiento. Ahora que no pasamos hambre seguimos comiendo como si fuera la última cena, no la que retrató Da Vinci, sino la que le ofrecen a los condenados a muerte. Menus de 7 platos, bebida por aquí y por allí, tabaco por doquier (sigo sin entender como una persona puede fumar dos cigarrillos entre plato y plato)…
De ahora en adelante, el sentimiento navideño pasará de ser entrañable a temible. ¡Cuidado chavales, viene la Navidad! Vuestra integridad física puede estar en peligro.
Ya se que la red está llena de fotos como esta, pero esta la hizo el menda lerenda. Recuerdo que en la facultad de Informática de Málaga había una igual (pero más alta).
Ya tenemos en España al señor Gaddafi. Esa mezcla de friki y dirigente, el de los llamativos gorritos y túnicas, el mismo que se hace acompañar por una escolta de 30 vírgenes entrenadas para matar…. Pero también el que mantiene un régimen totalitario en su país o participó en una serie de atentados en la década de los 80.
Lo peor es que los señores Sarkozy y Zapatero, que hace poco se abrazaban y hablaban de la lucha antiterrorista, ahora se abrazan con Muammar como si nada. Los intereses económicos están por encima de todo, llámese derechos humanos, llámese dignidad, llámese como quiera.
Los diseñadores de moda se han propuesto que nos vistamos todo el año de Carnaval. Para ello sacan una prenda, conocida como “google jacket” (nada que ver con el famoso navegador) o “burka para hombres” (que yo llamaría burka occidental o burka del mundo libre), que no es otra cosa que una cazadora con gafas de sol incluidas en la capucha (es difícil de explicar, ver la foto para comprender).
Por lo visto ya ha causado furor en el Reino Unido y está llegando a nuestro país, por lo que en las próximas semanas posiblemente lo comencemos a ver por nuestras calles.
Si se normaliza su uso, volveremos a los tiempos en los que se usaba la capa y el sombrero de ala ancha para ocultar la identidad (algo que fue prohibido por Carlos III en el siglo XVIII), aunque la pinta del usuario nada tendrá que ver con los tiempos de Esquilache.
Lo sorprendente es la capacidad del mercado para meternos productos extravagantes y la disponibilidad del pueblo para adquirirlos sin rubor.
Una de las cosas más curiosas que se encuentra uno por la red es la publicidad basada en Geolocalización. Esto se refiere a que con la dirección IP pública de tu conexión, si está registrada a un proveedor y a una zona geográfica (normalmente se hace por rangos), se puede saber de donde eres. Esta mañana me he encontrado un ejemplo muy claro (la imagen de la izquierda) en uno de los blogs que leo habitualmente. Es simplemente un servicio que localiza las visitas.
Lo chungo es cuando esa tecnología se usa para la publicidad. No es que por ser andaluz me salgan anuncios de vestidos de gitana (lo que tendría su gracia), sino porque en según que sitios se anuncian webs vídeos de señoritas de (supuestamente) por aquí por la zona (ver imagen de la derecha).
Por supuesto Archidona, Álora, Mollina o Villanueva de Algáidas no son los nombres de las señoritas en cuestión, sino de pueblos cercanos. Y ellas supuestamente son de allí (y yo voy y me lo creo, y que conste que no tengo nada contra las féminas del lugar).
Curiosamente ayer leía una noticia acerca de la nueva actualización de Google Maps para dispositivos móviles, en la que se incluye el GPS Virtual, que no es otra cosa que un sistema de localización usando triangulación, es decir, dependiendo de las células (antenas) móviles a las que esté conectado tu idem, se puede saber la posición aproximada. Como utilidad me parece algo genial, pero volvemos al debate de la privacidad. Ahora (y no se sabe si antes) Google, cuando te conectes con el móvil, podría saber la zona por la que te mueves. No es cuestión de entrar al trapo en tontas conspiraciones, a menos que seas “alguien” no se van a dedicar a seguirte, pero en un futuro podríamos empezar a recibir publicidad en el móvil si por ejemplo, pasamos cerca de una pizzeria o zona de compras famosa.
Ya se qué proyecto hacer para Android: un spyware de geolocalización. ¡Me forro fijo!
Este fin de semana he estado de boda. Las bodas son aquellos eventos que cada día se hacen más monstruosos, y no me refiero a que esté en contra del matrimonio, sino a que se convierten en celebraciones donde lo importante (o al menos eso parece) es que haya demasiado de todo.
Empezando por la comida, lo normal para un almuerzo es un entrante un primero y un segundo, eso siempre que ninguno de esos platos sea muy grande (cualquiera suele almolzar en un día normal un par de platos y a veces uno solo). En una boda eso no es posible porque es lo normal, hay que ser un poco más exagerado, así que el plantel de la boda en la que estuve fue:
- Un picoteo mientras venían los novios (un tapeo), con multitud de platos diferentes.
- Un entrante basado en ibéricos.
- Un segundo entrante, basado en mariscos.
- Una Vichisoisse.
Cuando comes esto estás casi listo y esperando el postre. Pero no, todavía no has empezado a comer, los platos fuertes aún no han llegado
- Un primer plato basado en pescado, con su guarnición.
- Un sorbete para quitarte el sabor del pescado.
- Un segundo basado en carne, acompañada por guarnición de patatas.
Todo esto regado por tres vinos diferentes (fino para el tapeo, blanco para el pescado y tinto para la carne).
Por supuesto falta el postre. Hay que destacar que las personas tenemos un pequeño “bug” psicológico; cuando hay variedad de comida, seguimos metiendo con tal de probarlo todo, aunque estemos a punto de reventar. Esto es algo que saben los publicistas, y es el responsable de que los buffets estén repletos de personas sobrealimentadas.
Volviendo al tema del postre, no vale el típico trozo de tarta de la boda. Que yo recuerde:
- Brochetas de fruta (con piña, uva, melón…)
- Semifrio de yogur y dulce de nosequé
- Surtido de tartas en plan buffet (all you can eat!!)
- Café y copa de champán
Y para después, barra libre. No es de extrañar que hoy me encuente como si me hubieran pegado una paliza (y eso que no probé la barra libre porque tenía que conducir).
La comida no es lo único que llega al exceso. Cada día se preparan más detalles de los novios hacia los invitados, tales como:
- El puro para ellos y el alfiler para ellas
- Tabaco (aunque en la sala no se pueda fumar)
Esto es lo típico, ya obsoleto porque además tuvimos:
- Un detalle de la madrina
- Una botella de aceite de la tierra (de cultivo ecológico, dedicada especialmente para la boda).
- Una foto de los novios junto con una foto tuya en la boda (la típica foto que te hacen en la boda, pero regalada por los novios).
Por supuesto tal festín para los sentidos duró más de 4 horas, así que en cuanto acabó el show obviamos a la orquesta y demás y salimos corriendo de allí, no sea que nos fueran a ofrecer más comida.
Sea como fuere, prepárense si van a alguna, puede que no vuelvan.
Después de muchas pruebas y varias peleas con las CSS y demás, por fin somos libres, por fin estamos aquí.
Para quien no lo conociera, El Ojo Virtual es un blog con año y pico de vida y más de 100 posts. Ahora nos mudamos a la red de blogs de JRMora (la Red de los pobres, como la llamamos nosotros) .
Encontraréis (espero que no muchos) fallos en la plantilla que iré subsanando con el tiempo. Venimos de Blogger y se ha querido respetar el diseño que había.
Ayer estuve de visita por uno de esos hiper-mega-ultra-mercados, llenos todos de productos navideños de cara a este puente en el que nos hayamos ya metidos.
Una de las cosas que más me llamó la atención fue la gran cantidad de productos navideños, y especialmente la gran variedad de uno de ellos: el turrón.
¿Habéis observado la variedad que se ofrece? Es bestial la cantidad de sabores diferentes que existen: de chocolate, de chocolate con almendras, de chocolate blanco…. y no solo chocolate, también encontramos de arroz con leche, coco, lacasitos o incluso de “queso con miel y nueces”.
Pero el hecho de que exista tal variedad confunde al consumidor, ya que estos productos no son turrones. El turrón es el de toda la vida, me refiero al blado o duro, ambos de almendra.
No quiero decir con esto que no me gusten los sabores nuevos, pero no se puede considerar turrón a cualquier dulce que se venda con forma de tableta.
Algo parecido pasó con el yogur. Varias marcas empezaron a sacar productos con presentación similar y espíritu parecido al del yogur, vendiéndolos con el mismo nombre: yogur de soja, yogur que no necesita frio, yogur biológico… pero ante tanta proliferación, se estudió proteger la denominación del producto. De esta forma, ya no es yogur todo lo que se sirva en un vasito como postre, sino que aquellos productos que no cumplen los requisitos se pasan a llamar “postres lacteos” o algo similar.
Sirva este apunte para reclamar que el turrón siga siendo turrón y el resto de productos, sean llamados de una forma diferente (dulce navideño, pseudoturrón, protopastel rectangular…).
Por cierto, el sabor más extraño que encontré: Turrón trufado de pétalos de rosa.